Poner rostro
De los personajes de Nos arrulla la niebla
En mi proceso creativo, suelo tener más claro el qué que el quién, menos aún el dónde. Me explico: suelo tener clara la historia (el inicio y final), pero no conozco a los personajes y menos los lugares. Así pues, hilvanada la trama, cuando los personajes toman identidad, la historia gana en profundidad, giros y matices.
Os podría hablar de Manu, pero para él habrá otra entrada. Hoy os quiero hablar de Facun. Cuando esta historia se mudó a un crucero, apareció el personaje: esa persona que debía relacionarse con Manu, pero era alguien vacío, sin alma. Alguien que estaba a disposición de la historia, eso es, previsible, intrascendente. El machina del deus ex. Recuerdo que Alicia Pérez Gil, me alertó que el personaje necesitaba profundidad. Y no sabía cómo abordarlo. Sabía de él que era argentino, por qué no quería otro europeo y tenía cerca a quien me podría ayudar con la voz. Y sabía que era alguien con un físico brutal, por necesidades de la trama (nada de desnudos gratuitos).
Y, con esa duda, fui al barbero. Si habéis leído la novela, u os pasáis por las primeras páginas, veréis que mi Facun tiene un pasado barbero. Y es que, mientras Renzo me afeitaba y arreglaba la barba, vi que él era mi Facun. Esa fuerza, que no es solo física, sino de carácter templado y protector. Renzo tiene esas vibs de alguien que da buenos abrazos y protege en ellos, como cuida de los suyos (es tan bonito cuando habla de sus chicos). Y Renzo tiene esa mirada agridulce del migrante, que añora su origen, pero es feliz en su nuevo hogar. Renzo es chileno, pero me permitió que Facun sea argentino. Solo no me perdona que el personaje no entrene casi nada durante el trayecto.
Os conté que Nos arrulla la niebla tiene partes de mis procesos de salud mental. Os puedo asegurar que las visitas mensuales al barbero son lugares de auténtica paz y sosiego. Esos momentos, como los de ir a terapia, donde me siento seguro. Así que quiero usar este post para agradecerle a Renzo que me dejase usarle. Aunque tengo que asumir que se lo expliqué, muerto de vergüenza, cuando la historia estaba terminada.



